Escenas de la vida cotidiana son inmortalizadas por Sergio Valadez

Con su muestra Espíritu de la vida cotidiana, París-México, inaugurada la noche del jueves 18 de junio, el pintor Sergio Valadez Estrada (1943) regresa al Salón de la Plástica Mexicana, donde expuso por primera vez hace 50 años.

Para esta exposición, integrada por cuadros de reciente creación, Sergio Valadez plasmó muchos lugares que ha conocido a lo largo de su vida, como la taquería a la que acudía a comer hace más de 50 años, sitio que siempre llevó guardado en su memoria y que apenas lo reprodujo hace siete meses.

“Ya nadie pinta la vida cotidiana porque es considerada banal”, dice el artista que radica en París, así que él se dedica a inmortalizar todas esas escenas que bajo su pincel adquieren un nuevo estatus, el de arte.

Cecilia Santacruz, coordinadora general del Salón de la Plástica Mexicana, indicó que el discurso curatorial en el cual se dispuso la obra se distribuye en los espectáculos, el box y la fiesta taurina; paisaje urbano parisino y sus personajes; las prostitutas, los amorosos; los salones de baile y los cafés, y, por último, la vida cotidiana en México.

Valadez Estrada estudió pintura y grabado en la Academia de San Carlos. Fue miembro activo del Taller de la Gráfica Popular. En 1965 ingresó al Salón de la Plástica Mexicana y desde 1973 reside en París, donde expone regularmente, al igual que en Bélgica, Alemania, España y Estados Unidos.

Sobresale en esta muestra, que permanecerá abierta al público hasta el 12 de julio, un autorretrato, el segundo que ha hecho en toda su vida –el primero lo realizó hace más de cinco décadas–, y en el cual no se ve su rostro, ya que se  pintó como una calavera con un acordeón (otra de sus pasiones) en una escena muy típica del Día de Muertos.

En un recorrido guiado por él mismo, el creador comentó que “yo soy el que anima todas estas escenas de canto y de baile”, al referirse a cuadros como La partida, Nostalgia y Vals remolino, donde aparecen parejas bailando, y es que el pintor también se dedica a tocar el acordeón y cantar en cabarets, restaurantes y fiestas.

Los errantes, una de las 41 piezas expuestas, presenta a personas sin hogar que deambulan por las calles parisinas, pero que a las seis de la tarde se forman frente a los albergues donde son acogidos por las noches.

La fachada de una pulquería, donde, afuera, una señora vende gorditas; un puesto de comida en los alrededores del metro Hospital General, o una pareja de enamorados bajo un árbol en Huatulco son algunas de las escenas captadas por el artista en su obra.

“Si voy a pintar como toda la gente, no quiero hacerlo”, afirmó, y, efectivamente,su estilo tiene algo especial, ya sea el color, los temas o la perspectiva. Refirió que casi todos los artistas pintan en un plano frontal y horizontal, pero que él lo hace como si se tratara de una toma aérea.

Aproximadamente siete meses le lleva realizar un cuadro, aunque trabaja en varias piezas al mismo tiempo, ya que la pintura necesita secarse y también es importante el reposo óptico para no enajenarse y terminar por no ver nada, comentó.

“En 1965 presenté mi primera exposición en el Salón de la Plástica Mexicana y ya tenía ganas de volver a exponer aquí”, señaló el artista plástico, quien en un mes regresara a París a cumplir con sus compromisos y a prepararse para viajar a Alemania e Italia.


“Lo que pinto son actos profundos. Algunas personas se han reconocido en mis obras, ya sea en la alegría o en el dolor de los excesos”.

Fuente: CONACULTA

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