Pasado prehispánico y colonial resurge en Moneda 2

Pocas esquinas de la Ciudad de México concentran tanta historia como el vértice formado por la calle Moneda y Plaza Seminario; sobre este reducido predio y a lo largo de más de 500 años funcionaron, en diferentes momentos: aposentos posiblemente relacionados con el templo a Tezcatlipoca, los primeros solares asignados a los conquistadores, parte del Mayorazgo Grande de Guerrero, la primera sede de la Real y Pontificia Universidad de México, y también locales de tradición como la cantina El Nive o el restaurante El Cardenal.

El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), mediante el Programa de Arqueología Urbana (PAU), y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), a través de la Dirección General del Patrimonio Universitario, unieron esfuerzos para rescatar y exhibir parte de ese pasado en una ventana arqueológica de 4.32 por 2.44 m.

Dicho espacio se integra a la museografía del inmueble que tendrá por vocación la exposición permanente: La UNAM Hoy, dedicada a resaltar el papel de la Máxima Casa de Estudios en la transformación del país y su proyección mundial.

Desde lo alto del número 2 de la calle Moneda se tiene una vista privilegiada del Zócalo capitalino y de la Catedral Metropolitana, pero tres metros bajo su piso permanecen restos arquitectónicos de las épocas prehispánica, colonial e histórica. Así lo explica el arqueólogo Raúl Barrera, responsable del PAU, quien trabajó en el lugar a lo largo de dos temporadas.

Durante las excavaciones realizadas entre 2011 y 2013, las cuales fueron asistidas alternativamente por los arqueólogos Cristina Cuevas, Lorena Vázquez Vallín, Moramay Estrada, Bertha A. Flores, Estíbaliz Aguayo, Rocío Orozco, Alan Barrera y Leonardo Hegel Mercado, se detectaron vestigios de aposentos probablemente asociados al templo de Tezcatlipoca.

Las escalinatas del recinto destinado a esta deidad mexica, “El espejo que humea” —ubicado al sureste de lo que fue el Recinto Sagrado de Tenochtitlan—, fueron detectadas tiempo atrás en la propiedad contigua que es sede del Museo de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, Antiguo Palacio del Arzobispado.

En su texto Tezcatlipoca en el mundo náhuatl, la antropóloga Doris Heyden señala que este dios representaba uno de los más complejos dentro del panteón mexica: “Regalaba bienes y luego los quitaba […] Era positivo y negativo, caprichoso y voluble”. Su carácter complejo y conflictivo se ve por sus nombres y atributos; tan sólo en el Libro VI del Códice Florentino se encuentran 360 apelativos o maneras de dirigirse a él.

La evidencia mexica hallada en Moneda 2 corresponde a restos de muros de piedra que delimitaban aposentos, una banqueta con tlecuil (horno hecho de adobe) al centro y patios interiores elaborados de lajas de basalto y estuco pulido.

De acuerdo con el supervisor del PAU, estos testimonios arquitectónicos datan de dos momentos constructivos de la época prehispánica: la Etapa VI del Templo Mayor de Tenochtitlan (1486-1502 de nuestra era) y la Etapa VII (1502-1521), cuando cayó en manos de los conquistadores españoles.

Correspondientes a la época colonial se identificaron dos momentos de ocupación; el primero corresponde a uno de los primeros solares repartidos entre los soldados españoles, caso de don Pedro González Trujillo, quien tuvo su posesión hasta 1527. Para estos efectos se reutilizaron los aposentos prehispánicos, “esto lo podemos inferir por las adecuaciones hechas con muros de piedra unidos con argamasa de cal y arena”

“Otra evidencia son los restos de un pozo artesiano hecho en los inicios del periodo colonial en un patio de lajas prehispánicas”, anota el investigador del INAH.

Tiempo después el predio sería propiedad de Rodrigo Gómez Dávila y hacia 1538 pasó a formar parte del Mayorazgo Grande de Guerrero. Documentación histórica señala que hacia 1553 el inmueble albergó a la Real y Pontificia Universidad de México, convirtiéndose así en el primer asiento de esta señera institución.

De esta fase, los arqueólogos detectaron restos de muros de mampostería y de un piso compuesto de lajas de andesita rosa, así como algunos drenajes elaborados con bloques de este tipo de roca y ladrillo rojo.

Pese a haber sido demolido casi hasta sus cimientos en las postrimerías del periodo virreinal para levantar otra edificación (la que hoy se puede observar), el predio conservó el título de Mayorazgo Grande de Guerrero hasta 1836, fecha a partir de la cual diversos particulares ostentaron la propiedad, a la par que la planta baja fue usada por comercios.

Justo en el sitio donde estuvo el Café del Correo, se instaló en 1872 la cantina El Nivel, que lució la primera licencia de ese giro en la ciudad. El local tomó su nombre del “monumento hipsográfico” que estaba en dicha esquina, en honor de Enrico Martínez (Heinrich Martin), quien realizó el primer proyecto para el desagüe del Valle de Anáhuac; en el monumento estaba el nivel que medía la crecida de las aguas de los lagos circundantes que inundaban la capital.

La cantina funcionó hasta los primeros días de 2010. Sus parroquianos fueron lo mismo presidentes de la República que obreros y burócratas, escritores, fotógrafos, artistas y personajes trascendentes, como el caricaturista José Guadalupe Posada, el músico Agustín Lara, el muralista Diego Rivera y, también en la década de los 50 del siglo XX, fue frecuentado por Fidel Castro y Ernesto “Che” Guevara.

En vitrina también se pueden admirar alrededor de 40 piezas, mudos testigos de las trasformaciones de la casona de Moneda 2. De época prehispánica sobresalen navajillas de obsidiana, raspadores y un fragmento de almena. Entre los materiales coloniales se hallan platos y tazones de mayólica, ollas, jarras, oliveras y candeleros, loza vidriada, alisada y bruñida, y un hueso de animal esgrafiado. El periodo moderno está representado por un par de frascos de vidrio, uno de ellos de Tequila Viuda de Romero.

Raúl Barrera concluye que la información arqueológica recuperada en estratos modernos comprende restos de pisos de mosaico, firmes de concreto, drenajes y registros de tabiques rojos y tuberías para agua potable, entre otros.

Fuente: INAH


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